2010-09-19

Escuchamos con bastante frecuencia que estamos sometidos a un cambio constante. Quizás por este motivo, nos hemos podido acostumbrar a convivir con el cambio sin ser muy conscientes de ello.

Los ciclos económicos, el ciclo de vida de los productos, los progresos, la novedad, la tecnología, los métodos, las técnicas y las herramientas … todo está evolucionando cada vez a mayor velocidad. No necesitamos que pasen 50 años, ni 20 años para que una novedad termine por estar casi obsoleta.

En el día a día, estos cambios son menos visibles y podemos tener la sensación de que casi nada cambia. La consecuencia de esta actitud es bastante negativa: cuando nos percatamos del cambio, ya es tarde. Nuestro entorno: muchos clientes y parte de la competencia ya han cambiado.

En las empresas, el “líder alerta” está observando los constantes cambios del entorno para adaptar su plan estratégico, objetivos, procesos, habilidades, valores, estilo, estructuras y recursos.

Los principales cambios del entorno están relacionados con: la sociedad, la política, la tecnología y la economía.

Los líderes de hoy somos, principalmente, líderes del cambio, y como tal, necesitamos:

  • reconocer tendencias y cambios para tener visión de futuro
  • articular y facilitar el cambio en nuestra organización
  • ejecutar los planes y poner en marcha iniciativas para materializar los cambios
  • ilusionar al resto de las personas para producir cambios y generar resultados

El capitán del barco debe tener claro dónde quiere llegar y cómo. Su siguiente tarea es comunicar a los marinos su plan para crear ilusión por realizar la travesía y llegar al puerto deseado.

Como líder, ante los cambios, debo seguir el siguiente proceso:

  1. decidir hacia dónde quiero llevar a la organización
  2. definir cómo llegar
  3. crear ilusión comunicando el plan

En este vídeo podemos observar la constante evolución de la humanidad y algunos cambios en sus costumbres.

Cambios y evolución humanidad

2010-08-03

Ayer por tarde en una interesante conversación con un excelente profesional y gran amigo, estuvimos, reflexionando en voz alta, sobre la viabilidad de innovar conjuntamente con el cliente. El tema, como casi todos, tiene muchos matices, y no hay una única respuesta sino que debemos diferenciar clientes, proyectos, situación de la relación …

Hoy me he encontrado con una de las frases magistrales de Henry Ford: “si les hubiera preguntado a los clientes qué querían, me habrían respondido que un caballo más rápido“.

Analizando esta frase y trasladándola al S.XXI podemos extraer algunas conclusiones:

- preguntar a los clientes: el feedback de los clientes, en el S.XXI, es imprescindible. Parece que H.Ford, a principios del S.XX no le convenció el utilizarlo “al pie de la letra”. No quería dedicar recursos a conseguir un caballo más rápido.

- innovar con el feedback del cliente: entendiendo innovar como hacer cosas diferentes en mi organización, si H.Ford hubiera aplicado “al pie de la letra” el feedback del cliente hubiera innovado. Una interpretación de su frase puede ser que debemos ir “más allá” del feedback del cliente. Hoy le llamaríamos superar sus expectativas.

- “al pie de la letra”: ¿cómo podemos utilizar el feedback del cliente para ir “más allá”? diferenciando el deseo, la necesidad o el problema del cliente de la solución que propone en su información. En la frase de Henry Ford, el cliente necesita o desea un medio de transporte más rápido. Puede ser un caballo, si el cliente sólo conoce caballos, o puede ser aquello que tu creatividad y capacidad de innovación te permita aportar como solución a la demanda del mercado.

Innovar con el cliente escuchando su feedback, comprendiendo su necesidad y aportando una solución diferente.

Gracias a Javier por motivar esta reflexión y facilitar la inspiración.

2010-07-19

Sir Ernest Rutherford, presidente de la Sociedad Real Británica y Premio Nobel de Química en 1908, contaba la siguiente anécdota:

Hace algún tiempo, recibí la llamada de un colega. Estaba a punto de poner un cero a un estudiante por la respuesta que había dado a un problema de física, pese a que el muchacho afirmaba rotundamente que su respuesta era absolutamente acertada.
Profesores y estudiantes acordaron pedir el arbitraje de alguien imparcial y fui elegido yo. Leí la pregunta del examen y decía: “¿Cómo mediría usted la altura de un edificio con un barómetro?”.

El estudiante había respondido:

Llevo el barómetro a la azotea del edificio y le ato una cuerda muy larga. Lo descuelgo hasta la base del edificio, marco y mido. La longitud de la cuerda es igual a la altura del edificio.

La respuesta era correcta, pero en la resolución no aplicaba las características propias del barómetro, si no las de cualquier objeto que hiciera de plomada.

Sugerí que se le diera al alumno otra oportunidad. Le concedí seis minutos para que me respondiera a la misma pregunta, pero esta vez con la advertencia de que en la respuesta debía demostrar sus conocimientos de física. Habían pasado cinco minutos y el estudiante no había escrito nada. Le pregunté si deseaba marcharse, pero me contestó que tenía muchas respuestas al problema. Su dificultad era elegir la mejor de todas.

Me excusé por interrumpirle y le rogué que continuara. En el minuto que le quedaba, escribió la siguiente respuesta:

Tomo el barómetro y lo dejo caer a la calle desde la azotea del edificio. Mido el tiempo de caída con un cronómetro. Después aplico la formula de la caída libre y así obtengo la altura del edificio.

En este punto le pregunté a mi colega si el estudiante se podía retirar. Le dio la nota más alta y lo despidió.

Tras abandonar el despacho, me reencontré con el estudiante y le pedí que me contara sus otras respuestas a la pregunta.

– Bueno respondió hay muchas respuestas. Por ejemplo,

tomas el barómetro en un día soleado y mides su altura y la longitud de su sombra. Si medimos a continuación la longitud de la sombra del edificio y aplicamos una simple proporción, obtendremos fácilmente la altura del edificio.

– Perfecto le dije. ¿Y hay otra solución?

– Si contestó. éste es un procedimiento muy elemental para medir un edificio, pero también sirve.

Tomas el barómetro y te sitúas en las escaleras del edificio en la planta baja. Según subes las escaleras, vas marcando la altura del barómetro en la pared y cuentas el número de marcas hasta la azotea. Multiplicas la altura del barómetro por el número de marcas que has hecho y ya tienes la altura.

– Es un método muy directo, por supuesto.

– Y si lo que se quiere es un procedimiento más sofisticado,

puedes atar el barómetro a una cuerda, lo descuelgas desde la azotea hasta la calle y lo mueves como si fuera un péndulo. Así puedes calcular la altura midiendo su período de oscilación.

– En fin, –concluyó– existen otras muchas maneras, pero, probablemente,

la mejor sea tomar el barómetro y golpear con él la puerta de la casa de la portera. Cuando abra, decirle: “Señora portera, aquí tengo un bonito barómetro. Si usted me dice la altura de este edificio, se lo regalo”.

En ese momento de la conversación, le pregunté si no conocía la respuesta convencional al problema: la diferencia de presión marcada por un barómetro en dos lugares diferentes nos proporciona la diferencia de altura entre ambos.

– Ciertamente la conozco, pero durante mis estudios, los profesores han intentado enseñarme a pensar.

El estudiante se llamaba Niels Bohr, físico danés, premio Nobel de Física en 1922.

икони

2010-06-29

“La creatividad es una actitud” (Agustín Medina).  En su libro: Bye, bye Marketing. Del poder del mercado al poder del consumidor, el autor nos aconseja:

1. Crear un buen entorno de trabajo.
2. No tener miedo a las utopías (no pongamos barreras a la imaginación)
3. Olvidar la experiencia (haremos lo de siempre)
4. No dar nada por imposible
5. No dar por obvia ninguna respuesta
6. Atender a los mensajes del inconsciente
7. Pensar sin barreras
8. Realizar asociaciones insólitas
9. Explorar con los cinco sentidos… y con el sexto
10. Volverlo todo del revés
11. Buscar analogías
12. Olvidarse del especialista que llevamos dentro
13. Consultar con la almohada
14. Atrapar la inspiración al vuelo

La aplicación de estas recomendaciones no requieren, necesariamente, la utilización de herramientas, ni de sofisticadas técnicas, ni de complejas metodologías. Podemos poner en práctica estas recomendaciones en cualquier momento y situación, depende solamente de nosotros, de nuestra actitud. Como dice Agustín Medina: la creatividad es una actitud.